El Famoso Depa de Generales 903
Ésta historia comienza con una curiosa coincidencia en la vida de sus tres personajes y una amistad que perdura a través de los años. Les cuento.
Yo venía regresando del "Fellowship" en Canadá, tenía 32 años, y por supuesto que no quería volver a parasitar la casa de mis padres en lo que encontraba que hacer de mi vida. Ellos en su mexicanidad, me ofrecían hasta hacerme un cuarto separado de la casa para que siguiera viviendo ahi. Je je je. Sin embargo, la situación era complicada. Me contrataron en el Gea González "por honorarios", es decir, sin plaza ni base y con un sueldo "simbólico". Y mi consulta privada, pues imagínense si venía regresando de 1 año y medio de estar en Canadá. Asi que necesitaba un plan.
Para mi buena fortuna se dio la primera coincidencia. Pepe, mi querido “compirix”, a sus 33, había terminado su ciclo de trabajar en Suiza como médico, y su abuela, también le ofreció vivir con ella, pero él, especialmente él, todo un Don Juan, no iba a acceder a semejante cosa. Platicando de ello, decidimos que entre su sueldo de ayudante de ortopedista, y el mio de "recién graduado", podríamos rentar algo para vivir juntos y compartir renta y gastos.
Asi que periódico, y Segundamano, en mano (en aquel entonces asi se buscaba, ja ja), empezamos a visitar todos los depas y casas en renta de la zona de Tlalpan, Coyoacán, y Magdalena Contreras. Vimos como 20 lugares diferentes, algunos mas feos que otros. Encontramos un anuncio que rentaba una casa a muy buen precio, dentro de una unidad de militares. Fuimos a ver esa casa, donde la rodeaban varias pequeñas torres, y al centro, dominaba un edificio amarillo muy alto. Vimos la casa, cuya vista justamente, era aquella torre, y comentamos la excelente localización, pero Pepe estaba convencido de un penthouse cerca del Hospital Ángeles del Pedregal, y una casa no resultaba nada "sexy". Mientras, yo miraba aquella torre, y la reja que lo rodeaba, donde había varios letreros de "Se Vende" y uno solo, que se veía nuevecito, que decía "Se Renta". Asi que marcamos, y luego luego nos contestó José Luis, quien nos dijo: “Claro que si, voy para allá a mostrárselos, solo que ahorita vive ahí un chavo y debo avisarle que vienen a ver el departamento.” Esperamos como 15 minutos y apareció José Luis, un muy sonriente y super agradable no-militar que nos invitó a ver aquel departamento.
Subimos al 9º piso, y nos abrió la puerta un joven, todo vestido de blanco. Y al dirigir mi mirada detrás de él, al menos yo, quedé enamorado de inmediato de aquel departamento.
Cruzando la puerta, lo primero que uno veía, era aquella gran sala, cuyo fondo estaba dominado por un ventanal enorme y detrás de éste, un espacioso balcón, cuya vista era directo al volcán Ajusco. La sala se extendía en una enorme sala-comedor. La cocina también grande y con lavandería, cuarto de servicio, y ¡3 recámaras con ventanales con una grandiosa vista! La recámara principal, tenía vista directa a los volcanes Popo e Izta, y las otras al H. Colegio Militar y el bosque que lo rodea.
Les contaré un poco mas de la Unidad Isssfam, que para mi, es un paraiso escondido (aunque creo que ésta entrada en mi blog hará que deje de serlo). Es una unidad construida en 1980, y que se planeó como una “ciudad dentro de una ciudad”, asi que tenía su propio parque con juegos, una cancha de usos múltiples, salón pequeño de eventos, y amplios espacios y estacionamiento. Estaba construida, siento yo, también por “rangos militares” rodada por edificios con la letra del inicio del rango de quienes lo habitaban (M para mayores, C para coroneles, T para tenientes, etc.) Y al centro, majestuosa, se levantaba aquella torre con 4 departamentos de 300 m2 por cada uno en el centro de la unidad, conocida como la “Torre de Generales Altos de las Fuerzas Armadas”. Ahí, recibieron estos departamentos, justamente generales altos del ejército y almirantes de la armada. Eran personas discretas y muy educadas los que aún vivían ahí (algún dia les contaré mi historia cuando tocaron la puerta y había 4 elementos del ejército a nuestra puerta). Pero muchos de ellos, ya eran muy grandes, o habían fallecido y le habían heredado a sus hijos, muchas veces no militares, el departamento, quienes a su vez, los vendían. Fue asi como José Luis se hizo de tan hermoso lugar.
Pues bien, volviendo a nuestra historia, ese día nos presentamos con Marco, quien por coincidencia, era estudiante de medicina, y ni mas ni menos que de nuestra Alma Mater, la Facultad Mexicana de Medicina, de la Universidad La Salle. Tenía una cara que a la vez se mostraba sonriente pero desconfiado. Y aprovechamos para preguntarle el porqué dejaba aquel departamento. Y nos contó que compartía el departamento con otros 2 amigos, pero que tuvieron muchos problemas de convivencia, y decidieron salirse. Y que realmente para él, lo máximo sería poder vivir en La Condesa, asi que si dejaba el Generales 903, se mudría para allá.
El único gran gran problema, fue cuando José Luis nos dijo el precio de la renta. Ahí, todo se nos vino abajo. El precio escapaba a nuestras posibilidades de pagar semejante suma y aun asi tener para vivir. No había manera a pesar de haber visto mil maneras para tener mas lana para pagar. Y pedirle a nuestros padres, era inconcebible pues parte del chiste era ser independientes. Asi se lo hicimos saber a José Luis, que había quedado encantado con nosotros. Después de todo, era un departamento de 300 metros cuadrados, con una vista inigualable, y una localización perfecta para ambos. Salimos de ahí muy tristes de ser pobres. Ja ja ja.
Resignado, acepté que Pepe nos llevara a vivir al Penthouse al lado del Ángeles y contactamos a la que nos lo iba a rentar, para empezar los trámites.
A la mañana siguiente, me despertó una llamada de un número desconocido, pero familiar. Mi sorpresa fue escuchar la voz de José Luis, a quien de inmediato le pregunté si había considerado bajarnos la renta, y solo se rio. Pero me dijo: “Hablé con la mamá de Marco, le conté de ustedes, y de que quieren rentar el departamento. Marco no es muy disciplinado en sus estudioso que digamos, y está encantada con la idea de que dos médicos en vías de éxito, compartan con su hijo el departamento si ustedes están de acuerdo y aceptan las reglas de Marco su hijo. Ustedes le pagarían su parte de la renta a ella, y ella me pagaría a mi la renta. Asi, dividiendo la renta entre tres, igual y ya les salen las cuentas. ¿Qué les parece?”
¡Debemos reconocer la flexibilidad y creatividad de quien, por mucho, ha sido el mejor casero que he tenido en mi vida! Pero no todo estaba aún dicho.
Nada mas colgué, y le marqué a mi compirix para decirle que aún había esperanza. Pepe escuchó pacientes y luego preguntó: “¿Si aceptamos las reglas de Marco? ¿Y cuales son esas reglas?” Yo: “¿Me creerás que fue tanta mi emoción, que no pregunté?” Pepe: “¡Pues pregunta compadre!” Asi que marqué de nuevo a José Luis (JL) y me dijo: “Pues ¿me creeras que tampoco se?, pero lo solucionamos, nos vemos en el Sanborns frente al Gea, y ahí, se ponen de acuerdo. (Yo me imagino que JL puso también changuitos que todo saliera bien).
Esa junta en Sanborns, fue para mi, INOLVIDABLE. Ja ja ja. Llegamos y apareció Marco, nos sentamos, presentamos y Marco sacó un papel, con un “reglamento”. Y comenzó a leer:
“Tienen que lavar sus trastes todos los dias y no dejarlos sucios en el lavadero. Tienen que llevar un control de sus llamadas telefónicas y cada quien paga sus llamadas. Yo me quedo la recámara principal. El control de la tele es del primero que la esté viendo. Etc…” Y siguió con una retahila de reglas de convivencia que yo escuchaba y solo pensaba “que flojera compartir con este güey, con razón tuvo problemas con sus otros roomates.” Ya estaba yo pensando que igual y no era tan buena idea vivir con Marco, cuando Pepe, muy serio, le dijo: “¿Ya terminaste?” Marco: “Si creo que es todo.” Y Pepe, suelta una sincera y sonora risotada y le dice LITERAL, todavia con la sonrisa típica característica de Pepe:
“Mira chamaco, mi compadre y yo tenemos algunos años mas que tu, no solo de ser médicos, sino también de vivir la vida, y te damos vuelta y media sobre lo que es vivir solo o con un room-mate en un departamento. ¿Pues que clase de salvajes eran los que vivían contigo que te dejaron asi de traumado? Préstame tu hoja.” Y tomándola en sus manos, la partió en 2 ante la sorpresa de Marco, y continuó. “Vamos a compartir contigo el departamento. Si quieres la recámara principal mas grande, le dices a tu mamá que tu pagas mas renta entonces, y nosotros le vamos a pagar 30% cada uno y tu pagas el 40% restante. ¿Está claro?”
Mi cara, la de Marco, y la de JL, era la misma, de absoluta sorpresa. Yo juré que ahí mismito nos iban a mandar a volar. Pero Marco, volteando a ver a Pepe, con cara de niño regañado, le dijo. “Está bien.” Ja ja ja ja.
“Perfecto” dijo Pepe. “Compirix, saliendo del hospital empezamos la mudanza, ¿qué recámara prefieres ya que tu encontraste el depa? A mi me gusta la de enfrente, pero necesitaré desde una cama.” Yo respondí: “Yo justo te iba a decir que prefiero la de atrás, asi que está perfecto.” Y asi, empezó una de las etapas mas divertidas de mi vida. El Departamento de Generales 903 con mis dos amigos Pepe y Marco.
Otra gran anécdota que no podría olvidar, es cuando Pepe entró con sus cosas, que no eran muchas, para instalarse en el departamento. Marco estaba viendo la tele, y Pepe entró, agarró el cable del teléfono, lo desconectó de la pared, lo amarró, y le dio a Marco el teléfono y le dijo: “Listo, primer tema solucionado. No mas preocupaciones para ti con el teléfono. Adempas, cada uno tenemos nuestro celular, asi que esto no lo vamos a necesitar. Cancela la linea o mete el teléfono a tu cuarto porque no se necesita.” Les digo, mi Compirix es todo un personaje y muy pero muy práctico. Aquel teléfono realmente ya solo sonaba cuando la mamá de Marco, a quien también terminamos queriendo mucho y ella a nosotros, le llamaba, o él usaba para llamar a su gente. La historia de Marco es que es hijo de dos grandes familias de Uruapan, aguacateras, y la mamá, viuda a corta edad, tuvo que sacar adelante a sus dos hijas y a Marco, volviéndose empresaria del aguacate. Un gran tipo, a quien todavía contacto cuando puedo.
Baste decir, en esta primera historia del G-903, que convertimos ese departamento en un lugar increible con una hamaca en el balcón, plantas, lo arreglamos, siempre con el visto bueno de JL, y quedó perfecto para todos. Que se convirtió en un lugar de estudio, pero sobre todo, un lugar pensado para que tres hombres solteros disfrutáramos de reuniones con los amigos, grandes fiestas, y muchísima diversión, pues como ya les conté, Pepe, se volvió no solo mi amigo, sino mi maestro en todos los temas que a mi tánto me había hecho falta saber, y que me ayudarían a madurar.
Asi que asi fue, como varias coincidencias hicieron que dos médicos y un pronto-a-convertirse-en-médico, se convirtieron en 3 grandes compañeros de departamento, pero sobre todo en 3 amigos que vivieron grandes, en verdad grandes aventuras.
¿Y ustedes, quieren compartir la experiencia del primer lugar que rentaron o compraron con sus propios medios para vivir?
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